Amemos…

Tomado de la pagina de Facebook de Martha Rivera-Garrido  https://www.facebook.com/Martha-Rivera-Garrido-143834502352645/timeline/

recuerdocuandotconociSOBRE EL MANGONEADO CONCEPTO DE AMOR…

¡Quiéreme y ya! Eso sería lo primero que me vendría como respuesta automática. Pero a pesar de que toda una cultura nos ha acostumbrado a que así sea, no me lo profeso. Creo saberlo. Lo sé entonces. Pienso que puedo contestar o lo asumo y llega el pensamiento. ¿Qué es el amor? ¿Qué es amar? Nadie lo sabe, ningún filósofo que lo haya definido lo ha hecho sabiendo que sabe, porque la lucidez no ama. El pensamiento no ama. Las estrategias no aman. Los juegos no aman. El tiempo, sí el tiempo, NO AMA, porque el tiempo no siente.

M. me lo pregunta y es tan sutil y tan grande la forma de preguntarlo, que yo sin ser ni Dios ni sus metáforas, me arriesgo, me lanzo a pensarlo, a intentar contestarle. Lo primero que sé que sé, es que debe existir, al interno de esa aproximación, una noción de libertad irredimida. Lo que quiero decir es que el amor bueno, el que salva, no depende de dos sino de uno. De una. No necesitamos a nadie para amar. Simplemente amamos.

El amor es un dedo metafísico que se posa en un alma, un corazón, un labio inferior, una oreja, una preocupación, un clítoris. Es la yema del índice tocando lo intocable, es la lengua diciendo lo indecible. Es convertir en espíritu la carne. Es querer querer, sin estrategias, sin agobio, sin respuestas ni preguntas, atemporalmente (¿qué importará mañana, qué importa hoy, qué importó ayer?). El amor no es un dos, es un uno.

Amar es un estado. Amar es un estado. Amar es un estado.

Cuando siento que he volado sobre todas las estrategias de querer vivir y de vivir ajenas, amo. Cuando siento que he absuelto todo lo que entiendo y no entiendo del otro, de la otra, ahí, ENTONCES AMO. Amar es algo que nos hace bien siempre, aunque duela, aunque nos desgarre, aunque nos desangre y nos joda. Amar a un niño achicharrado en la Franja de Gaza, es lo mismo que el amor de dos lenguas enredadas, ¿cómo? pues SÍ! entonces y sólo entonces, amamos.

Amar es mirar una sonrisa ausente o unos ojos cerrados o un bebé levantando su vida hacia la vida, con el pecho inflado de la certeza de estar amando. O pensando, o creyendo, o asumiendo que se ama. Para amar después, sin eso y como quiera. Amando.

El amor es nuestro, único, solitario, precioso, inenarrable, indefinible injustificado; incierto siempre como todo lo trascendente, pero tangible desde un solo dedo apretando la protuberancia de un cangrejo en las venas, hasta un alma, o hasta un millón de almas. El amor sólo es cognoscible desde lo que cada cual siente amar, ama. No depende de nada. Como toda medicina en una farmacia, el amor es eso que está ahí (usémoslo o no) para curarnos, para salvarnos.

Y si no somos amados, en el fondo da lo mismo. La grandeza del amor está simplemente en sentir o creer que se ama, en sentir que sentimos. Por uno, dos, tres seres, por la humanidad completa y por las vacas mugiendo sus majadas. Y por también. Amar es sentir la libertad de sentir. ESO ES EL AMOR. Y eso es solitario, único, inescrutable, eterno.

Amamos siempre en soledad aunque nos amen de vuelta. Que se sepa. Ámennos o no, podemos y debemos amar. Porque el único naufragio es no sentir… y quien ama siempre está en la orilla de todos los naufragios.

Amemos…

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